El 15 de abril de 2013 comenzamos a recopilar las actividades más representativas del "Grupo de Montañeros" del Colegio Salesiano de Zaragoza. Y de los aniversarios, porque nos gusta recordar los buenos momentos vividos.
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viernes, 15 de marzo de 1991

16 AÑOS DE ILUSIÓN

                El pasado 8 de diciembre, festividad de la Inmaculada, conmemoramos una fecha memorable para todos los MONTAÑEROS; nuestro grupo cumplió 16 años. Fue ese día del año 1.974 cuando nos juntamos un grupo de jóvenes que queríamos hacer algo. Así comenzó una aventura que nunca sospechamos a dónde nos podía llevar. En aquellas fechas estaba de moda formar grupos que frecuentemente nacían como hongos y que al poco tiempo desaparecían sin dejar huella.

            Nuestra primera idea fue formar un grupo de escultismo. El padre de Tornos nos dirigió al Comisario de zona de ASDE, y este no nos aceptó, alegando: "ya conozco yo a los salesianos, van por libre..." Y nos cerró la puerta. Nosotros seguimos nuestro proyecto; de esta manera nació el grupo de Montañeros.

            Los primeros objetivos de la naciente asociación fueron: el contacto con la naturaleza, fomento de la amistad, compromiso social (aquellos jóvenes eran mucho más sensibles que los actuales en este tema). Nos propusimos luchar contra el consumo, alejarnos de las "zonas" (que ya existían en Zaragoza, aunque diferentes de las actuales).

            También en el Colegio se nos negó, en un principio, el respaldo legal, por parte de la Junta de la Asociación de Padres. Fue Juan José Ganuza quien nos introdujo en la mencionada asociación. Pero un miembro de la Junta comentó: "estos jóvenes que van a la montaña están en contra del régimen, lo he visto yo en Cataluña”. Este fue el único impedimento. Más tarde se impuso el buen criterio y se nos permitió llamarnos Sección de Montaña de la Asociación de Padres de Alumnos Salesianos. Desde este momento, siempre hemos contado con la simpatía y ayuda de la Asociación de Padres.

            Los primeros montañeros fueron: Jesús Salaber, Mariano Blasco (profesor de la Escuela de Ingenieros), Miguel, etc... Más tarde vino la segunda generación: Emiliano, Tortajada, Pellicer, Manolo Fraile, los hermanos Idoipe, Romanos, etc...

            Las dos primeras tiendas se compraron el día 30 de diciembre de 1.974 y costaron 13.768 pts. (a 6.884 pts. cada una). El dinero lo conseguimos cortando bulones en el taller, por turnos, los sábados.

            El primer local del grupo fue el actual cuarto de herramientas del Sr. Germán. Era un pasillo que no tenía utilidad. Le pusimos una puerta y un armario antiguo, que nos regalaron, y se convirtió en el lugar donde hacíamos nuestras reuniones. En un principio fuimos unos 30, todo chicos. Más tarde admitimos hasta 60. No había monitores. A las acampadas íbamos todos juntos. Los responsables éramos Luis Izurzu, Fernando Sanz y yo.

            La primera salida organizada fue a Ambel. Dormimos en la casa de Nacho Pellicer. Al día siguiente después de asistir a misa con la gente del pueblo, estuvimos ayudando al padre de Nacho a recoger las aceitunas. Antes de marcharnos del pueblo dimos al alguacil 150 pts. para que pusieran un cristal que Bentué rompió de la casa de la maestra.

            La segunda salida fue a las cuevas "del mármol y del muerto". Salimos de Ricla, atravesamos una zona desértica, llegamos a las cuevas y, el desencanto... Habíamos soñado con alguna aventura. Nos llevamos una gran desilusión. Casi no cabíamos dentro. Aquel día fuimos a dormir a Mularroya. El lunes amanecimos varios enfermos. El sol nos había castigado demasiado.

            Otra salida fue de La Almunia a Cosuenda, atravesando el valle de Alpartir. De esta excursión recuerdo que no encontramos ni una gota de agua en todo el camino. Me pasé todo el día tomando el pulso a Julio César Vázquez (no bajaba de 120 pulsaciones). La nieve cayó por la noche y cubrió nuestras tiendas. Pasamos una noche de frío. Todas estas aventuras daban aliciente a nuestras actividades. Nos lo pasábamos fenomenal.

            Después de estos 16 años, permitidme estos recuerdos nostálgicos. A veces va bien el mirar para atrás, nos ayuda a interpretar nuestro presente, y nos sirve para iluminar el futuro.

            Chema

            Marzo 1991

 


lunes, 24 de septiembre de 1984

Río Piedra "FRUTOS TROPICALES"

 

RELATO DE LA MARCHA realizada por la patrulla denominada “FRUTOS TROPICALES”

PRIMER DIA. Sábado 22 de septiembre de 1984

                La primera de las dos etapas de las que constaba el viaje, cubría el trayecto entre Zaragoza y Calatayud (92 km). Partimos de Zaragoza a las 10.15 aproximadamente. Nos tuvimos que abrir paso entre la multitud que abarrotaba la estación y sentimos como si miles de ojos nos estuvieran contemplando solo a nosotros. Éramos como ídolos en un mundo pagano, y con cierta vergüenza, fruto de nuestra inexperiencia como montañeros, nos acomodamos en nuestros asientos.

                Las dos horas del viaje se nos hicieron largas y pesadas; nuestra única diversión consistía en observar de una manera nimia todo nuestro alrededor. Al fondo del vagón entre el ir y venir de los pasajeros, dos personas se repiqueteaban y poco a poco se fueron acalorando, hasta que un tercer hombre les hizo entrar en razón. El paisaje, a causa del movimiento del tren, proyectaba extrañas formas en el vagón que poco a poco se fueron apagando al aminorar la marcha por la presencia de la estación.

                En Calatayud efectuamos el transbordo y pasamos a ocupar el vagón en el que no había prácticamente nadie; en pocos minutos llegamos a la estación de Ateca, donde nos apeamos rápidamente. Nos dividimos en 5 grupos, cada uno gobernado por un monitor, y nos dispersamos por el monte. Nosotros seguimos la vía del tren hasta un recodo de esta, donde nos internamos por un camino y anduvimos corto trecho hasta encontrar un zarzal, donde comimos moras hasta hartarnos; y proseguimos nuestro camino. Atravesamos una gran huerta hasta entrar a la desembocadura del rio Piedra, objetivo de nuestra marcha; desde esta seguimos el cauce de este río, hasta que pasando por entre árboles que engendraban ricos frutos que nos alegraban la marcha llegamos a Castejón de las Armas, donde en pocos minutos comimos; aún diría yo más, en escasos segundos.

                Tras reanudar la marcha nos dirigimos a la presa del embalse de la Tranquera, por no ir por la carretera, cosa que quitaría mucho el espíritu de montañero, que todos nosotros tenemos; anduvimos por una senda que por cierto estaba muy bien cuidada, seguramente por el paso de los tractores y rebaños de ganado lanar, y al cabo de …… ; para un montañero no hay tiempo, no hay prisa (excepto si tiene que coger el tren) para él el tiempo se transforma en la alegría del piar de los pájaros, el aullido de los lobos en la noche entrada; bueno tras este paréntesis continuo con el relato. Llegamos a una fuente de la que brotaba rica y fresquísima agua, allí hicimos un paro en el camino para beber y descansar un poco, y en unos minutos proseguimos nuestra marcha, esta vez por carretera, rebajando nuestro espíritu de montañero, tras una larga y penosa subida llegamos hasta lo que es propiamente dicho la presa. Allí y tras haber dejado postradas las mochilas sobre lo que es la barandilla de esta, nos dispusimos a contestar las preguntas que nos mandaron realizar sobre la marcha.

                Tras hacernos unas fotos y descansar un tiempo proseguimos la marcha, esta vez para realizar la cota más alta de nuestra marcha, uno de los objetivos de esta. El camino fue duro y escabroso, el calor en escasos momentos hizo acto de presencia, pero por esto no dejaba de ser dura; las subidas eran interminables, las bajadas eran muy pendientes y escabrosas. Pero al fin, sí al fin logramos alcanzar nuestra meta, y allá en las alturas observando el hermoso paisaje que nos rodeaba nos hicimos otra foto y merendamos; la merienda como la comida fue rápida. Después de haber reposado un poco proseguimos nuestra marcha; esta vez el camino no fue tan duro y en poco tiempo llegamos a donde teníamos que dormir ……  el sol se escondía ya entre las montanas y la oscuridad iba creciendo. Allí teníamos que encontrar un lugar para dormir; estábamos desconcertados ¡no había lugar adecuado! a la derecha había corrales, a la izquierda también, todos estaban cerrados. Y allá por entre la niebla en el horizonte salió el que pensábamos que era nuestra salvación, un hombre montado en un pollino, hombre que nos cedió la llave de un corral para que pudiéramos pasar la noche; pero por higiene y seguridad puesto que las pulgas y otros bichos rondaban por el lugar nos preguntamos ¿dónde dormimos?; y la respuesta fue rotunda, al raso. Por lo tanto teníamos que preparar la “cama” rápidamente, la oscuridad era tenebrosa un búho emitía su sonido aterrador mientras los lobos a coro aullaban en la inmensidad. Las camas las hicimos con juncos y tras haber cenado todos juntos a la luz de dos velas nos preparamos para dormir; el frio poco a poco al entrar la noche iba haciendo acto de presencia, nos arropamos bien introduciéndonos en sendos sacos. El sueno se alcanzó rápidamente pero era interrumpido varias veces a causa de los fenómenos atmosféricos, como el viento que nos azotó fuertemente a medianoche, o los ruidos de los vehículos que circulaban en una carretera continua a nuestro campamento y ……

SEGUNDO DIA. Domingo 23 de septiembre de 1984

                …… a las 5 A.M. sonó el despertador con ese sonido tan terrible que siempre nos despierta para ir al colegio. Apenas habíamos descansado 5 horas el sueño decoraba nuestras caras que parecían que se negaban a abrir los ojos; se oían frases como -déjame un poquito más mama-, pero ¡había que levantarse!

                El frio del ambiente impedía que nos pudiéramos levantar; salir del saco y vestirse era una osadía; pero todos héroes, nos levantamos y vestimos, y nos echamos al camino, claro está tras haber desayunado. Seguimos la carretera donde al fondo se veían unas luces, unos puntos brillantes que destacaban entre la oscuridad, como la luna en la noche; pero estaban lejanos muy lejanos. Tras una larga caminata llegamos a Nuévalos, todo en él era silencio; algunas luces, pocas, muy pocas asomaban entre las ventanas. Debajo de una farola desayunábamos, esta vez en serio; la primera fue una toma de fuerzas; y allí pasamos largo tiempo descansando, hasta que el sol se asomaba por el este lentamente iluminando todo lo de nuestro alrededor.

                Las sombras esclarecían y el mundo revivía en nuestros ojos; teníamos que proseguir nuestra marcha; el camino también lo hicimos por carretera. Pero el cansancio de lo andado mas la dureza del camino nos dejó sin fuerzas al cabo del tiempo; pasamos por muy diversos paisajes que veíamos a derecha e izquierda de la carretera; a mitad de camino paramos para almorzar acostados a un lado de la carretera, unos comiendo uva y otros diversos manjares. El agotamiento iba creciendo y no teníamos ganas de volver a reanudar la marcha, pero con decisión por parte de todos acabamos nuestro camino; las moras de este estaban buenísimas y Calvo …… Ah gracioso él no dejó de alegrarnos la marcha con sus imitaciones, canciones y la metralleta con la que actuaba. Pero al fin ¡aleluya! ¡aleluya! lo logramos, llegamos a Alhama de Aragón, cansados y vestidos con los harapos para este tipo de marchas; descansamos e hicimos una gira turística por los bares del pueblo.

                Allí y habiendo comido nos reunimos todos los grupos y nos dirigimos a la estación donde todos los allí reunidos nos hicimos una fotografía y comentamos las anécdotas de la marcha; que por cierto Calvo cumplía años. Al fin y sin retraso llegó el tren donde subimos rápidamente y nos sentamos en sus cómodos asientos; al sentarte parecía que flotabas, era alucinante. Cuando llegamos a Calatayud ya había bastante gente, pero cuando salimos de allí el tren parecía un autobús urbano en sus horas punta; la gente estaba encogida; unos decían ¡y en la tele dicen que viaje por la Renfe! Pero tras un corto retraso (como es natural) llegamos a Zaragoza; la estación estaba repleta de toda clase de gente logramos pasar por entre la multitud y nos fuimos a nuestras respectivas casas.

 

El pionero

SEBASTIAN CALVO

 

N.B. Rogamos perdonen todas las faltas de ortografía por causas ajenas a nuestra voluntad.