RELATO DE LA MARCHA
realizada por la patrulla denominada “FRUTOS TROPICALES”
PRIMER DIA. Sábado 22 de
septiembre de 1984
La
primera de las dos etapas de las que constaba el viaje, cubría el trayecto
entre Zaragoza y Calatayud (92 km). Partimos de Zaragoza a las 10.15 aproximadamente.
Nos tuvimos que abrir paso entre la multitud que abarrotaba la estación y
sentimos como si miles de ojos nos estuvieran contemplando solo a nosotros. Éramos
como ídolos en un mundo pagano, y con cierta vergüenza, fruto de nuestra
inexperiencia como montañeros, nos acomodamos en nuestros asientos.
Las
dos horas del viaje se nos hicieron largas y pesadas; nuestra única diversión
consistía en observar de una manera nimia todo nuestro alrededor. Al fondo del vagón
entre el ir y venir de los pasajeros, dos personas se repiqueteaban y poco a
poco se fueron acalorando, hasta que un tercer hombre les hizo entrar en razón.
El paisaje, a causa del movimiento del tren, proyectaba extrañas formas en el
vagón que poco a poco se fueron apagando al aminorar la marcha por la presencia
de la estación.
En
Calatayud efectuamos el transbordo y pasamos a ocupar el vagón en el que no había
prácticamente nadie; en pocos minutos llegamos a la estación de Ateca, donde
nos apeamos rápidamente. Nos dividimos en 5 grupos, cada uno gobernado por un
monitor, y nos dispersamos por el monte. Nosotros seguimos la vía del tren
hasta un recodo de esta, donde nos internamos por un camino y anduvimos corto
trecho hasta encontrar un zarzal, donde comimos moras hasta hartarnos; y proseguimos
nuestro camino. Atravesamos una gran huerta hasta entrar a la desembocadura del
rio Piedra, objetivo de nuestra marcha; desde esta seguimos el cauce de este río,
hasta que pasando por entre árboles que engendraban ricos frutos que nos alegraban
la marcha llegamos a Castejón de las Armas, donde en pocos minutos comimos; aún
diría yo más, en escasos segundos.
Tras
reanudar la marcha nos dirigimos a la presa del embalse de la Tranquera, por no
ir por la carretera, cosa que quitaría mucho el espíritu de montañero, que
todos nosotros tenemos; anduvimos por una senda que por cierto estaba muy bien cuidada,
seguramente por el paso de los tractores y rebaños de ganado lanar, y al cabo
de …… ; para un montañero no hay tiempo, no hay prisa (excepto si tiene que
coger el tren) para él el tiempo se transforma en la alegría del piar de los pájaros,
el aullido de los lobos en la noche entrada; bueno tras este paréntesis
continuo con el relato. Llegamos a una fuente de la que brotaba rica y fresquísima
agua, allí hicimos un paro en el camino para beber y descansar un poco, y en
unos minutos proseguimos nuestra marcha, esta vez por carretera, rebajando
nuestro espíritu de montañero, tras una larga y penosa subida llegamos hasta lo
que es propiamente dicho la presa. Allí y tras haber dejado postradas las
mochilas sobre lo que es la barandilla de esta, nos dispusimos a contestar las
preguntas que nos mandaron realizar sobre la marcha.
Tras
hacernos unas fotos y descansar un tiempo proseguimos la marcha, esta vez para
realizar la cota más alta de nuestra marcha, uno de los objetivos de esta. El
camino fue duro y escabroso, el calor en escasos momentos hizo acto de
presencia, pero por esto no dejaba de ser dura; las subidas eran interminables,
las bajadas eran muy pendientes y escabrosas. Pero al fin, sí al fin logramos
alcanzar nuestra meta, y allá en las alturas observando el hermoso paisaje que
nos rodeaba nos hicimos otra foto y merendamos; la merienda como la comida fue rápida.
Después de haber reposado un poco proseguimos nuestra marcha; esta vez el
camino no fue tan duro y en poco tiempo llegamos a donde teníamos que dormir
…… el sol se escondía ya entre las
montanas y la oscuridad iba creciendo. Allí teníamos que encontrar un lugar
para dormir; estábamos desconcertados ¡no había lugar adecuado! a la derecha había
corrales, a la izquierda también, todos estaban cerrados. Y allá por entre la
niebla en el horizonte salió el que pensábamos que era nuestra salvación, un
hombre montado en un pollino, hombre que nos cedió la llave de un corral para
que pudiéramos pasar la noche; pero por higiene y seguridad puesto que las pulgas
y otros bichos rondaban por el lugar nos preguntamos ¿dónde dormimos?; y la
respuesta fue rotunda, al raso. Por lo tanto teníamos que preparar la “cama”
rápidamente, la oscuridad era tenebrosa un búho emitía su sonido aterrador mientras
los lobos a coro aullaban en la inmensidad. Las camas las hicimos con juncos y
tras haber cenado todos juntos a la luz de dos velas nos preparamos para dormir;
el frio poco a poco al entrar la noche iba haciendo acto de presencia, nos arropamos
bien introduciéndonos en sendos sacos. El sueno se alcanzó rápidamente pero era
interrumpido varias veces a causa de los fenómenos atmosféricos, como el viento
que nos azotó fuertemente a medianoche, o los ruidos de los vehículos que circulaban
en una carretera continua a nuestro campamento y ……
SEGUNDO DIA. Domingo 23 de
septiembre de 1984
……
a las 5 A.M. sonó el despertador con ese sonido tan terrible que siempre nos
despierta para ir al colegio. Apenas habíamos descansado 5 horas el sueño
decoraba nuestras caras que parecían que se negaban a abrir los ojos; se oían
frases como -déjame un poquito más mama-, pero ¡había que levantarse!
El
frio del ambiente impedía que nos pudiéramos levantar; salir del saco y
vestirse era una osadía; pero todos héroes, nos levantamos y vestimos, y nos
echamos al camino, claro está tras haber desayunado. Seguimos la carretera
donde al fondo se veían unas luces, unos puntos brillantes que destacaban entre
la oscuridad, como la luna en la noche; pero estaban lejanos muy lejanos. Tras
una larga caminata llegamos a Nuévalos, todo en él era silencio; algunas luces,
pocas, muy pocas asomaban entre las ventanas. Debajo de una farola
desayunábamos, esta vez en serio; la primera fue una toma de fuerzas; y allí
pasamos largo tiempo descansando, hasta que el sol se asomaba por el este
lentamente iluminando todo lo de nuestro alrededor.
Las
sombras esclarecían y el mundo revivía en nuestros ojos; teníamos que proseguir
nuestra marcha; el camino también lo hicimos por carretera. Pero el cansancio
de lo andado mas la dureza del camino nos dejó sin fuerzas al cabo del tiempo; pasamos
por muy diversos paisajes que veíamos a derecha e izquierda de la carretera; a
mitad de camino paramos para almorzar acostados a un lado de la carretera, unos
comiendo uva y otros diversos manjares. El agotamiento iba creciendo y no teníamos
ganas de volver a reanudar la marcha, pero con decisión por parte de todos
acabamos nuestro camino; las moras de este estaban buenísimas y Calvo …… Ah
gracioso él no dejó de alegrarnos la marcha con sus imitaciones, canciones y la
metralleta con la que actuaba. Pero al fin ¡aleluya! ¡aleluya! lo logramos,
llegamos a Alhama de Aragón, cansados y vestidos con los harapos para este tipo
de marchas; descansamos e hicimos una gira turística por los bares del pueblo.
Allí
y habiendo comido nos reunimos todos los grupos y nos dirigimos a la estación
donde todos los allí reunidos nos hicimos una fotografía y comentamos las anécdotas
de la marcha; que por cierto Calvo cumplía años. Al fin y sin retraso llegó el
tren donde subimos rápidamente y nos sentamos en sus cómodos asientos; al sentarte
parecía que flotabas, era alucinante. Cuando llegamos a Calatayud ya había
bastante gente, pero cuando salimos de allí el tren parecía un autobús urbano en
sus horas punta; la gente estaba encogida; unos decían ¡y en la tele dicen que
viaje por la Renfe! Pero tras un corto retraso (como es natural) llegamos a
Zaragoza; la estación estaba repleta de toda clase de gente logramos pasar por
entre la multitud y nos fuimos a nuestras respectivas casas.
El pionero
SEBASTIAN CALVO
N.B. Rogamos perdonen todas las
faltas de ortografía por causas ajenas a nuestra voluntad.